Matrimonio | Artículos

La autoridad familiar

Mireya Flor de Pérez 25-03-2010

Matrimonio | Artículos | Artículo | 0/4ImprimirE-mail

Resumen
Ejercer la autoridad tiene el propósito de buscar el bien y el perfeccionamiento de todos sus miembros, por eso es un servicio. Los padres ganan autoridad con prestigio, es decir, con su buen ejemplo, con la toma de decisiones correctas justas y útiles.  También deben demostrar coherencia entre lo que enseñan y su forma de actuar. Por esto, en esta tarea los  padres también deben aprender, formarse, esforzarse y luchar cada día por ser cada vez mejores.

La autoridad familiar
Para comprender mejor qué es la autoridad y cómo se la debe ejercitar, conviene referirse a su etimología (procedencia, raíz). Autoridad se deriva del verbo latino augere que significa aumentar, incrementar, promover, hacer crecer. En el mundo romano la palabra auctoritas se refería a la fuerza que servía para sostener y acrecentar algo importante; y, auctor era el responsable –persona que previamente había aumentado o acrecentado en sí mismo las virtudes–, de sostener o desarrollar algún propósito o idea. Por lo tanto, autoridad es la fuerza que sirve para sostener y acrecentar los aspectos morales y espirituales de las personas. 

La autoridad familiar se refiere a la obligación que tienen los padres de ejercer la autoridad en su familia, para promover el crecimiento moral, el desarrollo de las capacidades y la autonomía de sus hijos. Así como también, mantener la unidad familiar y, contribuir al mejoramiento de la sociedad. Este mismo concepto explica  porqué la autoridad tiene una finalidad de servicio.

Autoridad-servicio

Para que la autoridad familiar sea  ejercida apropiadamente debe tener el propósito de servir. Esto es, buscar el bien y el mejoramiento de todos sus miembros. Para ponerla en práctica, los padres deben ponerse de acuerdo, previamente, en los objetivos educativos que les guiará  en este cometido. Así podrán saber en qué van a ser exigentes, en qué circunstancias deben proceder con firmeza, en cuáles pueden ser flexibles, o cuándo será necesaria la intervención de los hijos mayores o de alguna otra persona.

También es importante conocer el carácter, las fortalezas, las limitaciones y las necesidades particulares de cada hijo. No es lo mismo exigir orden a un hijo que por naturaleza es ordenado, que a uno que no lo es. Con éste último será necesario ser exigentes pero pacientes; pacientes pero perseverantes.


[...]

Matrimonio | Artículos | Artículo | 0/4ImprimirE-mail

Comentarios No hay comentarios

Volver